martes, 16 de agosto de 2011

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Melilla Hoy
Martes, 16 de Agosto de 2011. Hilario J. Rodriguez.

LO FÁCIL SIEMPRE ES HABLAR SOBRE NUESTROS VECINOS, DECIR SI SU VIDA ES MEJOR O PEOR, MIENTRAS NUESTRAS PROPIAS VIDAS QUIZÁS VAYAN A LA DERIVA. POR ESO HOY NO VAMOS A UTILIZAR ARGUMENTOS U OPINIONES CONTUNDENTES, SINO TAN SÓLO UNAS CUANTAS OBSERVACIONES, CON LA ESPERANZA DE QUE HAGAN PENSAR A LA GENTE.

Un marroquí que me presentaron en Madrid me dijo que:

−Después de vivir muchos años en Melilla, he aprendido que aquí da igual si lo tienes todo, porque es imposible disfrutar de la vida.

Aunque la anterior resulta una afirmación bastante excesiva, sobre todo viniendo de alguien que se fue a vivir aquí de forma voluntaria, seguramente tiene un porcentaje de verdad. Para quienes observamos esta ciudad desde afuera, nos cuesta imaginar un paisaje idílico tanto en Melilla como en cualquier ciudad de Marruecos. Sin embargo, no vamos a tratar de analizar las causas, que seguramente no acabaríamos de entender jamás, y nos vamos a centrar en el problema de las fronteras que dividen allí a las personas, que no sólo son terrestres, políticas, militares o religiosas, sino también sociales, laborales, generacionales o lingüísticas.


Los problemas entre varios pueblos pueden comenzar con la distribución hidrológica en una zona donde el agua es un bien preciado y al mismo tiempo demasiado escaso o con sus accesos a las rutas comerciales. El acceso al mar desde Melilla, sin ir más lejos, es un tema peliagudo, sobre todo cuando te cuentan que aquí esta ciudad carece de aguas jurisdiccionales y que Marruecos permite navegar a los barcos españoles siempre que, además de la española, lleven la bandera marroquí.

La sociedad melillense, además de tener una relación muy sui géneris con sus vecinos marroquíes, es una meta para muchos marroquíes que buscan mejores condiciones de vida. Hasta cierto punto, podría decirse que Melilla, de algún modo, juega un papel similar al de Estados Unidos con respecto a muchos países latinoamericanos.


Para mí y para mis compañeros ha sido muy difícil encontrar una vía de acceso para hablar sobre fronteras aludiendo a las de Melilla, por eso finalmente hemos decidido abstraernos un poco en lugar de expresar argumentos sólidos, algo así podría propiciar que vosotros, lectores, toméis lo que os presentamos en nuestro blog de muchas maneras, aunque resulta obvio que las sobreimposiciones de imágenes, texto y sonidos que intentamos hacer tienen como objeto crear un ambiente visual y acústico de tipo babélico, que tiene mucho que ver con nuestra sensación en esta ciudad −donde hay un gran número de personas de distintas nacionalidades− y con el posible futuro que le aguarda a Melilla. También tiene que ver con el futuro del mundo, cuyas fronteras se muestran cada vez menos capaces de mantener a los pobres a un lado y a los ricos al otro.