jueves, 18 de agosto de 2011

busco trabajo

Abdeselam Mohamed Tahar, Mustafa Soliman Kad.dur… ¡Qué más dan los nombres! Hace seis meses eran carpinteros, albañiles o reponedores de supermercado, ahora están en paro y protestan a las puertas del Ayuntamiento de Melilla.


Estos chicos que veis ahí quizás no siempre hayan sido buenos, aunque seguramente lo intentaron con todas sus fuerzas. Son padres de familia, divertidos y ocurrentes, no demasiado agraciados pero tampoco feuchos, sólo gente a la que le gusta salir a la calle, a echar un té con los amigos o a pasear por el paseo marítimo con sus familias, y pasar desapercibidos, no quieren que nadie los confunda con George Clooney. Tienen muchas habilidades aunque apenas tengan estudios. Sin que nadie les enseñase, son capaces de clavar puntas sin que se les tuerzan, lijan los marcos de una puerta en un pispás y te dejan limpiecito tu almacén en dos horas si les das la oportunidad.

Cuando te cuentan sus penurias, añaden que las culpas de sus desgracias son del Ayuntamiento porque permite que las pequeñas y las medianas empresas contraten a moros marroquíes antes que a ellos, que son moros de Melilla. La verdad es que en este punto no podemos estar muy de acuerdo con ellos porque los problemas de uno no se arreglan barriendo a los demás, claro que –en asuntos de este tipo− es una cuestión de opiniones.
No sabemos de qué podría servir que los veáis, por si acaso os ponemos sus retratos a continuación y vosotros decidís al respecto. A nosotros nos parecen chicos que pagan un alto precio por lo que quiera que hayan hecho mal, si es que han hecho algo malo.

Desde aquí los proponemos como candidatos perfectos para la próxima película de Ken Loach o para cuando poco un pequeño reportaje de Informe Semanal, nosotros ya no podemos hacer nada más por ellos, a no ser desearles «Buenos días y buena suerte».




takes VI







                                        Nos avalan más de seis días investigando en la ciudad

miércoles, 17 de agosto de 2011

Historia de un cántaro

Los tipos duros no bailan

oh, capitán, mi capitán



también fuimos soldados
















Sangre

los chicos están bien


No, hoy no vamos a hablar sobre las excelencias turísticas de Melilla, ni sobre la inmigración, ni sobre la muerte, ni sobre la Semana Náutica; hoy nos vamos a callar un poquito para no herir sensibilidades.

Shut Up & Sing (2006, Barbara Kopple y Cecilia Peck), que literalmente significa Cierra el pico y canta, es un documental que gira en torno a las desastrosas consecuencias que tuvieron unas declaraciones de la cantante de Dixie Chicks en las que criticaba a George W. Bush a poco de comenzar la invasión de Irak. Después de aquello, muchas emisoras de radio decidieron boicotear al grupo y no poner sus canciones; también hubo gente que exigió en tiendas de música que recogiesen CDs de ellas que habían comprado con anterioridad. Aunque pocos meses más tarde Dixie Chicks volvieron a recuperar la popularidad en Estados Unidos, coincidiendo con el desplome de la popularidad del presidente, las integrantes del grupo tuvieron que enfrentarse a una enorme presión mediática y a la hostilidad de sus conciudadanos, como si realmente hubiesen cometido un crimen. Sin embargo, el único crimen que cometieron fue hacer valer la libertad de expresión, para equivocarse o para no hacerlo, para que sus palabras resultasen más o menos agradables a oídos de los demás, eso da igual. Una situación así, que sólo parecía posible en la América de Bush, se da asimismo en otras partes del mundo.

Sé que lo anterior no significa demasiado para quienes seguís nuestro blog o para quienes hasta ayer nos leías en los periódicos de Melilla, pero para mí y para mis compañeros tiene especial relevancia porque ahora mismo nos vemos incapaces de escribir nada sobre lo que acabamos de ver y escuchar en algunas partes de esta ciudad. Hemos dado nuestra palabra de que, además de vídeos y pistas de sonidos, quizás también alguna foto (pero no todas las que hicimos), no íbamos a publicar una sola palabra en la prensa. Y así se hará. Estemos o no de acuerdo, nuestra palabra también es de ley. Sin embargo, nos gustaría dejar claro que disentimos, que nos parece injusto que a la amabilidad y la cortesía debida entre ciudadanos, sean civiles o militares, se pueda exigir un pago tan alto como el silencio.

Somos conscientes, pese a todo, de que posiblemente lo que pudiéramos haber dicho sería innecesario o bobo o injusto.

Durante la guerra de Vietnam, Susan Sontag aceptó una invitación a Hanoi pese al descrédito que luego le traería en su propio país. A raíz de aquel viaje, escribió una de sus piezas más decepcionantes, en la que al principio describía sus intenciones de denunciar las acciones imperialistas de Estados Unidos y progresivamente iba desinflándose, a medida que descubría, con una profunda decepción, lo mucho que echaba de menos a sus amigos neoyorquinos y lo ingenuos que encontraba a sus guías vietnamitas, con quienes no podía hablar ni de literatura, ni de cine, ni de filosofía… Sin saberlo, ella misma cayó en una forma de imperialismo, sólo que de tipo cultural, no militar.

No sé si nosotros ahora deberíamos estar contentos porque ya no vamos a correr los riesgos que corrieron los miembros del grupo Dixie Chicks o Susan Sontag, de lo que estoy seguro es de que en la piscina, haciendo el canelo, nos lo vamos a pasar mucho mejor que escribiendo un sesudo artículo en torno al ejército en Melilla.

accidente aéreo

martes, 16 de agosto de 2011

fronteras

una sonrisa para Europa

la carta verde

perder el autobús

Melilla Hoy
Martes, 16 de Agosto de 2011. Hilario J. Rodriguez.

LO FÁCIL SIEMPRE ES HABLAR SOBRE NUESTROS VECINOS, DECIR SI SU VIDA ES MEJOR O PEOR, MIENTRAS NUESTRAS PROPIAS VIDAS QUIZÁS VAYAN A LA DERIVA. POR ESO HOY NO VAMOS A UTILIZAR ARGUMENTOS U OPINIONES CONTUNDENTES, SINO TAN SÓLO UNAS CUANTAS OBSERVACIONES, CON LA ESPERANZA DE QUE HAGAN PENSAR A LA GENTE.

Un marroquí que me presentaron en Madrid me dijo que:

−Después de vivir muchos años en Melilla, he aprendido que aquí da igual si lo tienes todo, porque es imposible disfrutar de la vida.

Aunque la anterior resulta una afirmación bastante excesiva, sobre todo viniendo de alguien que se fue a vivir aquí de forma voluntaria, seguramente tiene un porcentaje de verdad. Para quienes observamos esta ciudad desde afuera, nos cuesta imaginar un paisaje idílico tanto en Melilla como en cualquier ciudad de Marruecos. Sin embargo, no vamos a tratar de analizar las causas, que seguramente no acabaríamos de entender jamás, y nos vamos a centrar en el problema de las fronteras que dividen allí a las personas, que no sólo son terrestres, políticas, militares o religiosas, sino también sociales, laborales, generacionales o lingüísticas.


Los problemas entre varios pueblos pueden comenzar con la distribución hidrológica en una zona donde el agua es un bien preciado y al mismo tiempo demasiado escaso o con sus accesos a las rutas comerciales. El acceso al mar desde Melilla, sin ir más lejos, es un tema peliagudo, sobre todo cuando te cuentan que aquí esta ciudad carece de aguas jurisdiccionales y que Marruecos permite navegar a los barcos españoles siempre que, además de la española, lleven la bandera marroquí.

La sociedad melillense, además de tener una relación muy sui géneris con sus vecinos marroquíes, es una meta para muchos marroquíes que buscan mejores condiciones de vida. Hasta cierto punto, podría decirse que Melilla, de algún modo, juega un papel similar al de Estados Unidos con respecto a muchos países latinoamericanos.


Para mí y para mis compañeros ha sido muy difícil encontrar una vía de acceso para hablar sobre fronteras aludiendo a las de Melilla, por eso finalmente hemos decidido abstraernos un poco en lugar de expresar argumentos sólidos, algo así podría propiciar que vosotros, lectores, toméis lo que os presentamos en nuestro blog de muchas maneras, aunque resulta obvio que las sobreimposiciones de imágenes, texto y sonidos que intentamos hacer tienen como objeto crear un ambiente visual y acústico de tipo babélico, que tiene mucho que ver con nuestra sensación en esta ciudad −donde hay un gran número de personas de distintas nacionalidades− y con el posible futuro que le aguarda a Melilla. También tiene que ver con el futuro del mundo, cuyas fronteras se muestran cada vez menos capaces de mantener a los pobres a un lado y a los ricos al otro.



lunes, 15 de agosto de 2011

Mar chica

takes V











El mar es un país extranjero.

semana náutica

¿te acuerdas de cuando éramos capitanes de quince años?

"Elle est retrouvée-quoi?-L'Eternité C'Est la mer allée avec le soleil" A. Rimbaud





 "Todavía me acuerdo de cuando no existía la valla. Podiamos ir nadando hasta Marruecos" Nos cuenta un lugareño. Hoy sin embargo no hemos podido ni cruzar la frontera. Queda la posibilidad de que Melilla, con el paso del tiempo, se haya convertido en una isla.

¿qué es una nave golondrina?

El Faro de Melilla
Domingo, 14 de Agosto de 2011. Hilario J. Rodriguez.

EN MELILLA UNO DEBE HACER UN CURSO INTENSIVO PARA APRENDER CIERTAS COSAS. NOSOTROS HICIMOS EL NUESTRO AYER, PARA APRENDER QUÉ ES UNA NAVE GOLONDRINA Y CÓMO SE LO PASA LA GENTE DURANTE LA SEMANA NÁUTICA.

Creo que en nuestro grupo cada uno ya va por su lado, quizás porque hay tantas Melillas que nos hemos despistado, perdiéndonos unos de otros, y no va a ser fácil que volvamos a encontrarnos. En la montaña a uno puede darle el mal de altura, calculo que a nivel del mar será un mal distinto pero mal al fin y al cabo, un mal que a todos nos afecta sin que nos demos cuenta. Pero no es hora de llorar porque hoy, mientras nuestros compañeros se adentraban en mar abierto a bordo de una barca de acompañamiento durante la regata dominical, Cayetano y yo subimos a una nave golondrina, preguntándonos un poco antes si en ella surcaríamos los mares o los cielos.


−¿Qué demonios es una nave golondrina? –nos preguntábamos los dos por lo bajo, sin que nadie más se diese cuenta, para que así nadie pudiera pensar que éramos marinos inexpertos.

La verdad es que bastaba con echarnos un vistazo para darse cuenta de que era nuestra primera experiencia en un brete de tal magnitud. Yo, por ejemplo, llevaba botas de trekking, pantalones largos y una camisa de Pull and Bear que posiblemente era lo único que no desentonaba demasiado, porque el resto de la gente iba preparada con el equipito reglamentario, como si aquello lo hubiesen vivido antes y fueran algo así como unos grandes veteranos.

No sé por qué, la situación me hizo recordar algunos de los paseos campestres que suelo hacer con amiguillas en Guadalajara. Puede que también entonces me sienta algo descolocado. Siempre me da la sensación de ser un marciano fuera de lugar, sólo por pretender ir natural a todas partes, al lado de gente a la que no le falta ni una cantimplora (previendo perderse en el desierto de Gobi) o una navaja multiusos (por si tienen que luchar contra un gran oso montañés o marino). Al final, no obstante, pienso que son los demás los que son marcianos con escafandra, aunque es una cuestión de perspectiva, como casi cualquier cosa.



El paseo fue bonito e instructivo. Sesenta minutos nos valieron para saber que Melilla no tiene mar y que el mar que baña sus costas es marroquí porque en el tratado que firmaron España y Marruecos para delimitar las lindes de la ciudad nadie se preocupó por las aguas jurisdiccionales de Melilla.

¡Vaya!

Lo que más me gustó a mí fue lo que menos le gustó a Cayetano: la música que amenizaba el ambiente, con canciones de Madonna, sevillanas (que tatareaba todo el mundo) y algunos temas instrumentales que podrían haber servido de banda sonora para una película de la Pantera Rosa. Me sentí como un chiquillo, Cayetano se sintió como un personaje de una película de Woody Allen. Afortunadamente, los dos pudimos reírnos, yo de lo bobo que soy y Cayetano de lo desgraciado que se siente a veces.

Algo que pudimos constatar, eso sí, es que el mar o la mer (en francés) a los melillenses les encanta, y a nosotros nos encanta que les encante, que os encante. Varias personas nos dijeron que les relajaba, que les hacía olvidar el día a día, que les borraba el estrés… Incluso quienes nos confesaban cierto temor a que las aguas los engullesen (y ahí Cayetano les daba la razón) sonreían con inocencia.

Ah, y en lo referente a la nave golondrina, ahora sabemos que se trata de una nave de paseo que suele llevar a marineritos de tierra adentro, como nosotros, para hacerlos sentir en adelante que allí donde la tierra acaba y comienza el mar el mundo es más ancho y maravilloso.